Una cafetería de especialidad con panificación propia, y todo lo que sale de sus imágenes: feed, historia, anuncio en su contexto real, carta impresa y grilla de perfil.
Una foto linda demuestra que alguien sabe sacar una foto. Lo que un local necesita saber es otra cosa: si esa foto le va a servir el martes a la mañana cuando tenga que publicar, y si va a poder poner el mismo cartel en la puerta, en el feed y en la carta sin que parezcan tres negocios distintos.
Este caso muestra las dos cosas: las imágenes, y las piezas terminadas que salen de ellas.
Se leen como el mismo local y no como un banco de imágenes.
Las cuatro salen de la misma imagen del croissant. Ninguna necesitó una sesión nueva.
Nueve piezas en una pantalla. Ahí decide el que entró de casualidad, antes de leer una palabra.

Ya había un caso de restaurante. Repetir el mismo tratamiento habría sido más fácil y habría probado una sola cosa: que sé armar un sistema. Este prueba la que importa, que es armar el de cada rubro.
Un restaurante de mantel donde se reserva mesa y una cafetería de paso no se parecen en nada. Sus piezas tampoco deberían.
Molienda es lo que se le hace al grano de café y al grano de trigo: el único acto que comparten un tostadero y una panadería.
