Una parrilla de cocina de mercado a la leña, y ocho piezas terminadas más un perfil completo que salen de cuatro fotografías.
Un restaurante no necesita una fotografía: necesita saber qué va a publicar el jueves, qué va a imprimir en la carta y qué va a poner en el anuncio, y que las tres cosas se lean como el mismo lugar. Eso no lo resuelve la foto. Lo resuelve lo que se decide hacer con ella.
Este caso muestra las cuatro fotos, y las ocho piezas terminadas que salieron de ellas.
Producidas para esta muestra. Se leen como el mismo lugar y no como un banco de imágenes.
La misma fotografía del pescado, aplicada. Ninguna imagen nueva: el trabajo está en decidir qué hacer con la foto.
Segundo set con el mismo sistema. Es lo que separa un sistema de un ajuste a mano: la segunda vez no se vuelve a empezar.
Una pantalla, nueve piezas, y ahí se decide si la persona sigue bajando. Es la vista que ninguna foto suelta puede mostrar.

Son dos eslabones de la cadena de la parrilla criolla, que es de donde cuelga la parrilla. No se inventó: se encontró en el rubro.
